jueves, 26 de agosto de 2010

Nuevas expectativas en la medicina con el trasplante de flora intestinal.

Investigadores del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR) lideran un estudio sin precedentes que demuestra que es posible modificar la composición de la flora intestinal trasplantándola y que los cambios generados se mantienen, más allá de lo esperado, hasta tres meses después del trasplante.

La posibilidad de validar tratamientos que puedan hacer variaciones en la composición de la flora supondría un antes y un después en aquellas enfermedades en las que hay evidencia científica de que la flora intestinal juega un papel determinante.

Esta investigación, publicada hoy en la revista Genome Research, establece que es posible la introducción de nuevas especies en la flora intestinal habitual simplemente ingiriéndolas y postula que no es necesario eliminar previamente parte de la flora existente mediante antibióticos como se creía.

La importancia del hallazgo

Aunque el trabajo se ha realizado en ratones, las implicaciones futuras para la salud humana se suponen de gran importancia.

La funcionalidad de los genes de las bacterias que se encuentran en nuestro intestino son claves en determinadas patologías en las que las bacterias influyen decisivamente por su acción sobre la nutrición (obesidad) y sobre el sistema inmunológico (Enfermedad Inflamatoria Intestinal). La interacción y la simbiosis entre humanos y su comunidad bacteriana (flora intestinal) es muy amplia y tiene especial importancia en varios aspectos de su fisiología, como la respuesta inmunitaria, el metabolismo de las grasas, la producción de nuevos vasos sanguíneos, etc.

“En base a esta íntima asociación entre los humanos y su flora intestinal, se considera que cada individuo humano es un ‘superorganismo’ resultante de la suma de sus genes humanos y los genes del microbioma. Debido al elevado número de microorganismos -hasta 2 Kg de bacterias, peso comparable al de cualquier órgano- esta población de microorganismos, puede ser considerada un órgano más, con su propia función”, explica el Dr. Francisco Guarner, responsable del grupo de investigación en fisiología y fisiopatología digestiva del VHIR.

El microbioma es el conjunto de microorganismos (bacterias, levaduras, etc.) que viven ‘en’ y ‘con’ el ser humano, de forma que sus genes y actividades biológicas contribuyen a la salud y a la enfermedad. En números absolutos el intestino humano está poblado por 10 millones de millones de bacterias, es decir, que existen 10 veces más bacterias en nuestro intestino que células en nuestro organismo. El microbioma humano es único para cada uno de nosotros e incluye más de 1.000 especies diferentes de microorganismos.

Si se analiza la magnitud del microbioma, no es difícil imaginar que existan claras evidencias de su implicación en determinadas enfermedades, como por ejemplo en la enfermedad inflamatoria intestinal. “Conocer cómo restablecer esta flora intestinal dañada o alterada en estas enfermedades parece ser la clave para el tratamiento de estas”, explica el Dr. Guarner.

Un estudio clave para el diseño de nuevos tratamientos

Poder restablecer la flora perdida o incorporar la flora necesaria para mantener el fino equilibrio entre la mucosa intestinal y el exterior podría ser la clave para diseñar nuevos tratamientos contra la enfermedad inflamatoria intestinal. “Los intentos realizados hasta ahora mediante el uso de antibióticos, prebióticos o probióticos no habían conseguido efectos persistentes a medio-largo plazo. Pero con los resultados de este estudio abrimos un nuevo horizonte. El trasplante de flora intestinal y la bacterio-terapia podría ser de gran ayuda en futuros tratamientos”, comenta la Dra. Chaysavanh Manichanh, también investigadora del VHIR y primera firmante del estudio.

La investigación, en la que han colaborado investigadores de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y de la University of Colorado y ha recibido el apoyo del Ministerio de Ciencia e Innovación, del National Institute of Health (NIH) y del Howard Hughes Medical Institute, demuestra, por primera vez, que la composición de la flora intestinal puede ser modificada. También prueba que es posible la introducción de nuevas especies en la flora intestinal procedentes de un donante. El estudio aporta un dato más: al contrario de lo que se creía, la introducción de nuevas especies no necesita que previamente se eliminen bacterias existentes mediante antibióticos. “Esto supone una ventaja si se plantea este trasplante como un tratamiento para intervenir a nivel de la flora intestinal, pues la administración de antibióticos produce grandes efectos a largo plazo sobre el resto de la flora que no se revierten con facilidad”, prosigue la Dra. Manichanh. A su vez, el estudio ha determinado que la administración de estos antibióticos pre-trasplante no facilita una mejor adaptación de la flora introducida.

Lo más sorprendente de la investigación, según la Dra. Manichanh, “no es sólo que flora procedente de un donante pueda trasplantarse en un receptor con éxito, sino que los cambios que se generan en la flora intestinal del receptor gracias al trasplante se mantienen hasta tres meses después de este trasplante”.

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